No 18º Domingo após Pentecostes, a liturgia nos convida a meditar sobre a Segunda Vinda de Cristo, a Parusia, e a viver na expectativa vigilante do dia do Senhor. Pe. Ceriani, em seu sermão, exorta os fiéis a esperarem a revelação de Nosso Senhor Jesus Cristo, mantendo-se firmes na fé e atentos aos sinais dos tempos, conforme as advertências das Escrituras e do Magistério.
DECIMOCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Epístola del día (I Corintios, 1, 4-8): Doy gracias sin cesar a Dios por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido dada en Cristo Jesús; por cuanto en todo habéis sido enriquecidos en Él, en toda palabra y en todo conocimiento, en la medida en que el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros. Por tanto, no quedáis inferiores en ningún carisma, en tanto que aguardáis la revelación de Nuestro Señor Jesucristo; el cual os hará firmes hasta el fin e irreprensibles en el día de Nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión de su Hijo Jesucristo Nuestro Señor.
La Epístola de este Decimoctavo Domingo de Pentecostés presenta el tema de la Segunda Venida de Cristo: La revelación de Nuestro Señor Jesucristo … el día de Nuestro Señor Jesucristo. Como a los fieles de Corinto, la Iglesia nos exhorta con San Pablo a esperar la Parusía… Esperar la Revelación de Nuestro Señor Jesucristo… Una expectación anhelante del día de Nuestro Señor… Así como la expectación del Mesías ha dominado la existencia humana desde el Edén hasta Belén; de la misma manera, la esperanza de su Vuelta debería dominar al mundo cristiano. Leyendo asiduamente el Evangelio, las Epístolas y el Apocalipsis, estamos obligados a creer en la vuelta de Jesucristo, obligados a esperar su Reino. Que este día sea próximo o lejano, que lo veamos nosotros o no durante nuestra peregrinación terrenal, esta esperanza es una fuerza que debe transformar nuestra vida espiritual… Pero, sobre todo, ¡esperamos a Jesús por causa de su Gloria!
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Es preciso notar aquí que las “señales”, que tienen tanta importancia para reconocer la huella del Señor, pueden también conducir al error al espíritu que se aferra a ideas preconcebidas. Podemos decir que los secretos de Dios, confiados a sus servidores los Profetas, están divididos en dos grupos proféticos. El primero anunciaba el nacimiento del Mesías, su vida humillada, la revelación de la ley de gracia, y, sobre todo, las circunstancias precisas de su muerte dolorosa. Pero los judíos no pensaban más que en una cierta realeza mesiánica, no en aquella que Jesús les ofrecía. Entonces rechazaron a su Rey; dejaron en la penumbra las señales y las profecías de la humillación, del dolor y de la muerte. El segundo grupo profético anuncia un Masías glorioso y rey con todos los grandes acontecimientos del fin de los tiempos: restauración de Israel y de Jerusalén; vuelta gloriosa de Cristo para reinar con sus Santos, día de venganza de la justicia divina, después nuevos cielos y tierra nueva, un reino sin fin. Estas profecías del Antiguo Testamento han sido completadas por la enseñanza de Nuestro Señor, de los Apóstoles y, sobre todo, por el Apocalipsis. Lo que falsea, y gravemente, el sentido de las profecías, es la tendencia moderna a no explicarlas literalmente, sino de manera simbólica o puramente espiritual, alegóricamente. Además, es preciso temer la falta de libertad de ciertos espíritus que, sometidos en exceso a ideas preconcebidas, están inclinados a leer, no lo que está escrito, sino lo que desearían encontrar. Profetízanos cosas agradables , pedía el pueblo a Isaías 30: 9-10, donde el pueblo antiguo le pedía a los profetas que no dijeran la verdad, sino mentiras e ilusiones que los complacieran. Cito textualmente: Pueblo rebelde es éste, y son hijos mentirosos; hijos que no quieren escuchar la Ley de Yahvé; que dicen a los videntes: “No veáis”, y a los profetas: “No nos vaticinéis cosas rectas; habladnos de cosas agradables, profetizadnos mentiras”. Comenta Monseñor Straubinger: He aquí la llave para la historia del pueblo escogido. En estas palabras está escrito el motivo de su repudio por parte de Dios y su dispersión entre las naciones. ¿Cómo es posible que un pueblo partícipe de tantos privilegios y bendiciones ande errante por el mundo? Porque no escucharon la Ley de Yahvé. Tal fue, esencialmente, el caso de los judíos. Y es el de algunos judaizantes de hoy…
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Para llamar nuestra atención y ponernos en guardia contra la tendencia natural a vivir nuestra vida sin pensar en la proximidad de su retorno, el Señor citó el ejemplo de los tiempos que precedieron inmediatamente al diluvio y a la destrucción de Sodoma. Entonces los justos, a ejemplo de Noé y Lot, serán puestos en salvo. En aquellos días, Dios, en su misericordia, dio señales, como las da ahora. La construcción del arca duró cien años, era un signo para todo aquél que hubiese querido considerar el estado de la sociedad de entonces. Dios envío dos Ángeles a Sodoma; fue también una advertencia para toda la ciudad. Pero mientras Noé condenaba al mundo construyendo el instrumento de salvación, que era el arca, sus contemporáneos se burlaban de él. Y los yernos de Lot, a quienes éste dio aviso en la víspera de la catástrofe de Sodoma, no le creyeron tampoco. Los incrédulos modernos también se burlan de todos aquéllos que anuncian el fin de los tiempos… Hasta la víspera de ese día, los hombres comerán, beberán, venderán, comprarán, e irán cada dos años a depositar en una urna su religioso tributo al César… Si no velamos, si sólo nos atraen las vanidades de la tierra, ¿lograremos escapar? “Acordaos de la mujer de Lot”, decía Jesús… Fue convertida en estatua de sal…; como serán dejados del mismo modo una de las dos mujeres que molerán, uno de los dos hombres en el campo, uno de los dos esposos… Habrá, pues, en esa hora trágica, una separación de los prudentes y de los necios, de los fieles y de los infieles… Así como Dios puso a Noé al abrigo en el arca y a Lot sobre la montaña, así también Jesucristo vendrá a poner al abrigo a los suyos… Tal es el parecer de San Jerónimo: “En el momento en que la noche se acaba, al fin de los tiempos, es cuando Jesucristo vendrá a poner en seguridad a los suyos”.
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Como confirmación, consideremos algunos textos pontificios: Gregorio XVI , Mirari vos , del 15 agosto 1832): “Tristes, en verdad, y con muy apenado ánimo Nos dirigimos a vosotros, a quienes vemos llenos de angustia al considerar los peligros de los tiempos que corren para la religión que tanto amáis. Verdaderamente, pudiéramos decir que ésta es la hora del poder de las tinieblas para cribar, como trigo, a los hijos de elección . Sí; la tierra está en duelo y perece, inficionada por la corrupción de sus habitantes, porque han violado las leyes, han alterado el derecho, han roto la alianza eterna. Nos referimos, Venerables Hermanos, a las cosas que veis con vuestros mismos ojos y que todos lloramos con las mismas lágrimas. Es el triunfo de una malicia sin freno, de una ciencia sin pudor, de una disolución sin límite. Se desprecia la santidad de las cosas sagradas; y la majestad del divino culto, que es tan poderosa como necesaria, es censurada, profanada y escarnecida. De ahí que se corrompa la santa doctrina y que se diseminen con audacia errores de todo género. Ni las leyes sagradas, ni los derechos, ni las instituciones, ni las santas enseñanzas están a salvo de los ataques de las lenguas malvadas. Se combate tenazmente a la Sede de Pedro, en la que puso Cristo el fundamento de la Iglesia, y se quebrantan y se rompen por momentos los vínculos de la unidad. Se impugna la autoridad divina de la Iglesia y, conculcados sus derechos, se la somete a razones terrenas, y, con suma injusticia, la hacen objeto del odio de los pueblos reduciéndola a torpe servidumbre. Se niega la obediencia debida a los Obispos, se les desconocen sus derechos. Universidades y escuelas resuenan con el clamoroso estruendo de nuevas opiniones, que no ya ocultamente y con subterfugios, sino con cruda y nefaria guerra impugnan abiertamente la fe católica. Corrompidos los corazones de los jóvenes por la doctrina y ejemplos de los maestros, crecieron sin medida el daño de la religión y la perversidad de costumbres. De aquí que, roto el freno de la religión santísima, por la que solamente subsisten los reinos y se confirma el vigor de toda potestad, vemos avanzar progresivamente la ruina del orden público, la caída de los príncipes, y la destrucción de todo poder legítimo. Debemos buscar el origen de tantas calamidades en la conspiración de aquellas sociedades a las que, como a una inmensa sentina, ha venido a parar cuanto de sacrílego, subversivo y blasfemo habían acumulado la herejía y las más perversas sectas de todos los tiempos”.
San Pío X , E Supremi Apostolatus , del 4 de octubre de 1904: “Los intereses de Dios son Nuestros intereses; a ellos hemos decidido consagrar nuestras fuerzas y la vida misma. De ahí que si alguno Nos pide una frase simbólica, que exprese Nuestro propósito, siempre le daremos sólo esta: ¡Instaurar todas las cosas en Cristo! Ciertamente, al hacernos cargo de una empresa de tal envergadura y al intentar sacarla adelante Nos proporciona, Venerables Hermanos, una extraordinaria alegría el hecho de tener la certeza de que todos vosotros seréis unos esforzados aliados para llevarla a cabo. Pues si lo dudáramos os calificaríamos de ignorantes, cosa que ciertamente no sois, o de negligentes ante este funesto ataque que ahora en todo el mundo se promueve y se fomenta contra Dios; puesto que verdaderamente contra su Autor se han amotinado las gentes y traman las naciones planes vanos; parece que de todas partes se eleva la voz de quienes atacan a Dios: Apártate de nosotros . Por eso, en la mayoría se ha extinguido el temor al Dios eterno y no se tiene en cuenta la ley de su poder supremo en las costumbres ni en público ni en privado: aún más, se lucha con denodado esfuerzo y con todo tipo de maquinaciones para arrancar de raíz incluso el mismo recuerdo y noción de Dios. Es indudable que quien considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, como el prólogo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos ; o incluso pensará que ya habita en este mundo el hijo de la perdición de quien habla el Apóstol . En verdad, con semejante osadía, con este desafuero de la virtud de la religión, se cuartea por doquier la piedad, los documentos de la fe revelada son impugnados y se pretende directa y obstinadamente apartar, destruir cualquier relación que medie entre Dios y el hombre. Por el contrario − esta es la señal propia del Anticristo según el mismo Apóstol −, el hombre mismo con temeridad extrema ha invadido el campo de Dios, exaltándose por encima de todo aquello que recibe el nombre de Dios; hasta tal punto que −aunque no es capaz de borrar dentro de sí la noción que de Dios tiene−, tras el rechazo de Su majestad, se ha consagrado a sí mismo este mundo visible como si fuera su templo, para que todos lo adoren. Se sentará en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios.”
Benedicto XV , Ad Beatissimi Apostolorum , del 1º de noviembre de 1914: “Apenas Nos fue dado contemplar, de una sola mirada, desde la altura de la dignidad Apostólica, el curso de los humanos acontecimientos, al ofrecerse a Nuestros ojos la triste situación de la sociedad civil, Nos experimentamos un acerbo dolor. Y ¿cómo podría nuestro corazón de Padre común de todos los hombres dejar de conmoverse profundamente ante el espectáculo que presenta Europa, y con ella el mundo entero, espectáculo el más atroz y luctuoso que quizá ha registrado la historia de todos los tiempos? Parece que, en realidad, han llegado aquellos días de los que Jesucristo profetizó: Oiréis hablar de guerra y de rumores de guerra… Se levantará nación contra nación ” .
Pío XI , Caritate Christi compulsi , del 3 de mayo de 1932: “Si recorremos con el pensamiento la larga y dolorosa serie de males que, triste herencia del pecado, han señalado al hombre caído las etapas de su peregrinación terrenal, desde el diluvio en adelante, difícilmente nos encontraremos con un malestar espiritual y material tan profundo, tan universal, como el que sufrimos
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