Pular para o conteúdo
SEDEVACANTE
← NotíciasNoticias

Leão XIV recorda à Europa que sua civilização não se entende sem o cristianismo

29 de setembro de 2026 às 00:22

Leão XIV recorda à Europa que sua civilização não se entende sem o cristianismo

Em discurso proferido nesta segunda-feira em Metz, no Centro de Congressos Robert Schuman, durante o encontro «Às raízes da Europa pela paz e a unidade», o Papa Leão XIV reafirmou as raízes cristãs do continente europeu, defendeu uma laicidade que respeite a liberdade das Igrejas, pediu que a integração dos imigrantes inclua sua entrada «no espírito da casa que os acolhe» e advertiu os governos europeus contra «a ilusão do rearmamento». Diante do presidente francês Emmanuel Macron e do cardeal Jean-Marc Aveline, presidente da Conferência Episcopal da França, o Pontífice sustentou que «não se pode falar da Europa sem mencionar o cristianismo» e vinculou o futuro europeu à família, à natalidade e à defesa da vida humana.

Em discurso proferido nesta segunda-feira em Metz, no Centro de Congressos Robert Schuman, durante o encontro «Às raízes da Europa pela paz e a unidade», o Papa Leão XIV reafirmou as raízes cristãs do continente europeu, defendeu uma laicidade que respeite a liberdade das Igrejas, pediu que a integração dos imigrantes inclua sua entrada «no espírito da casa que os acolhe» e advertiu os governos europeus contra «a ilusão do rearmamento». Diante do presidente francês Emmanuel Macron e do cardeal Jean-Marc Aveline, presidente da Conferência Episcopal da França, o Pontífice sustentou que «não se pode falar da Europa sem mencionar o cristianismo» e vinculou o futuro europeu à família, à natalidade e à defesa da vida humana.

León XIV ha reivindicado este lunes en Metz las raíces cristianas de Europa y ha sostenido que la civilización del continente no puede comprenderse sin la huella de la Iglesia, el monacato y la apertura a la trascendencia. «No se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo», ha afirmado el Papa ante Emmanuel Macron, antes de defender una laicidad que respete la libertad de las Iglesias, pedir que la integración de los inmigrantes incluya su entrada «en el espíritu de la casa que los acoge» y advertir a los gobiernos europeos contra «la ilusión del rearme». El discurso tuvo lugar a las 11:30 en el Centro de Congresos Robert Schuman, durante el encuentro «A las raíces de Europa por la paz y la unidad», una de las últimas citas del viaje apostólico de León XIV a Francia. El Pontífice fue recibido por el presidente de la República francesa y por el cardenal Jean-Marc Aveline, presidente de la Conferencia Episcopal de Francia, después de haber participado esa misma mañana en un encuentro interreligioso en Metz. El escenario y el título del acto permitieron al Papa articular su intervención alrededor de Robert Schuman, venerable de la Iglesia y uno de los padres de la construcción europea. León XIV presentó al estadista francés no simplemente como uno de los arquitectos de las instituciones comunitarias, sino como un político cuya formación cristiana resultó decisiva para su concepción de Europa, la reconciliación entre los pueblos y el respeto al derecho internacional.

«No se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo» León XIV comenzó remontándose mucho más allá de las actuales instituciones europeas. Europa, señaló, es «una realidad cultural e histórica antes que geográfica», formada a lo largo de los siglos por la civilización helenística, el Imperio romano, la difusión del cristianismo y la posterior incorporación de los pueblos germánicos, eslavos y otras culturas. Dentro de ese proceso reservó un lugar central a san Benito, proclamado patrono de Europa por Pablo VI en 1964. El Papa enumeró la influencia ejercida por los benedictinos en la atención a pobres, enfermos y ancianos, la educación, las universidades, los hospitales, la medicina, la arquitectura, la ingeniería, las ciencias, el derecho y la propia organización política y urbana del continente. «Sin este acervo monástico, la civilización europea, tal como la conocemos, no existiría», afirmó. León XIV llevó además la referencia al lugar concreto en el que pronunciaba el discurso. Recordó la obra de san Crodegango en Metz y cómo desde esta región el canto gregoriano se difundió por los territorios carolingios, «trayendo armonía y belleza a todo el continente». La conclusión fue explícita: «No se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo». El Pontífice apoyó esa afirmación en el propio Robert Schuman, para quien el cristianismo había enseñado la igualdad natural de todos los hombres como hijos del mismo Dios y redimidos por Cristo, y en Alcide De Gasperi, que identificaba entre los elementos del «legado común europeo» la fraternidad evangélica, el derecho, la belleza y la búsqueda de la verdad y de la justicia. León XIV rechazó que reconocer esta deuda histórica equivalga a imponer un criterio confesional. A su juicio, permite comprender que «la apertura a lo trascendente es siempre una dimensión constitutiva de la persona humana y una fuente viva de civilización».

La laicidad no consiste en apartar a las Iglesias Desde esa afirmación sobre las raíces europeas, el Papa volvió sobre uno de los asuntos que ha atravesado su viaje a Francia: el lugar público de la religión en sociedades secularizadas. León XIV citó expresamente el artículo 17 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que contempla un diálogo «abierto, transparente y regular» entre las instituciones comunitarias y las Iglesias. «La laicidad que rige la vida de los estados no sólo implica el carácter aconfesional de las instituciones civiles, sino que presupone una verdadera colaboración entre las partes», señaló. Esa colaboración exige, añadió, que las autoridades respeten la autonomía de las Iglesias y promuevan su libertad de organización, expresión y culto. La afirmación prolonga lo dicho el viernes ante las autoridades francesas, cuando León XIV reivindicó una «justa laicidad» que no expulse la religión de la vida pública . El Papa relacionó además la supervivencia de los valores europeos con el redescubrimiento de sus raíces. Libertad, democracia, paz y unidad, afirmó, sólo conservan un significado real cuando se recupera la centralidad de la persona y se mantiene el equilibrio entre derechos y deberes, frente a una concepción de los derechos individuales desligada del bien común.

Integrar es también entrar «en el espíritu de la casa que acoge» León XIV abordó a continuación la llegada a Europa de hombres y mujeres que huyen de guerras y persecuciones o buscan mejores condiciones de vida. Recordó su reciente visita a Canarias, durante la que había reclamado vías legales y seguras, rescate y asistencia, lucha contra los traficantes, protección de las víctimas y procesos serios de acogida e integración. En Metz añadió un elemento sobre el significado de esa integración. «Acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia», explicó. Esto supone ofrecerle la posibilidad de desarrollar sus talentos, capacidades y sensibilidades, pero también permitirle «entrar en el espíritu de la casa que la acoge». El Papa describió la situación actual como un «encuentro sin precedentes entre pueblos y culturas» que obliga a Europa a realizar simultáneamente dos movimientos: «un redescubrimiento creativo de nuestras raíces» y «una escucha atenta del otro». No planteó, por tanto, el diálogo como abandono de la identidad europea. La misma mañana, durante el encuentro interreligioso celebrado en Metz, había insistido en que «dialogar no disminuye nuestra identidad», sino que permite expresarla con verdad mientras se reconoce la diferencia del otro.

León XIV advierte contra «la ilusión del rearme» La segunda parte del discurso estuvo dominada por la guerra y el futuro político de Europa. León XIV recuperó la experiencia de Schuman después de la Segunda Guerra Mundial para recordar que el proyecto europeo nació precisamente de la voluntad de hacer materialmente imposible una nueva guerra entre pueblos que se habían enfrentado durante generaciones. El Papa lamentó que la guerra haya regresado al continente y la definió, recurriendo a las palabras de Benedicto XV durante la Primera Guerra Mundial, como una nueva «inútil masacre» que causa diariamente numerosas víctimas civiles. Pidió «un diálogo paciente», audacia para negociar y disposición a sacrificar determinadas posiciones por el bien superior de la paz. Al mismo tiempo, aclaró que esa búsqueda no puede confundirse con «un irenismo ingenuo». Fue entonces cuando lanzó una de las advertencias más contundentes de la intervención: «Hay que tener cuidado con la ilusión del rearme». León XIV recordó que el aumento del gasto militar suele justificarse por el peligro representado por otros Estados y planteó una pregunta directa sobre el rumbo europeo: «¿Realmente estamos haciendo “esfuerzos creativos” para promover la paz en el mundo, o simplemente estamos tratando de “detener la hemorragia de la guerra” y prepararnos mejor para las que suponemos que todavía están por venir?». La preocupación ya había aparecido al comienzo del viaje. Ante Macron y las autoridades francesas, León XIV había pedido apostar por el desarme, la diplomacia y el multilateralismo y rechazado que la acumulación de armamento pueda constituir por sí misma una garantía de paz.

«Las relaciones humanas y entre los estados se vuelven cada vez más bárbaras» El diagnóstico del Papa sobre la política internacional fue especialmente severo. Frente a la lógica de la fuerza, reivindicó el derecho internacional y el principio pacta sunt servanda , según el cual los acuerdos deben ser cumplidos. León XIV señaló que el derecho internacional y el multilateralismo reconocen la igualdad efectiva de los Estados y constituyen «el mejor antídoto contra la voluntad de dominación, que es la raíz de todo conflicto». «Hoy en día, las relaciones humanas y entre los estados se vuelven cada vez más bárbaras. Se menosprecia el valor de la palabra dada; y se presume más bien la mentira y el engaño», denunció. Frente a esa deriva, presentó la experiencia europea de las últimas ocho décadas como prueba de que es posible hacer valer intereses y posiciones divergentes «encontrándose en lugar de enfrentarse».

«No tengan miedo de formar una familia, de tener hijos» León XIV reservó la parte final del discurso a los jóvenes europeos. Les pidió que no se sometan «a la lógica de la violencia y la opresión» y que asuman personalmente la construcción de la paz en sus relaciones, familias, escuelas, universidades, ciudades y comunidades políticas. Pero la exhortación fue más allá de la paz. El Papa vinculó expresamente el futuro de Europa con la familia, la natalidad, la participación política y la defensa de la vida humana. «¡Amen la vida en cada momento y no le teman al futuro!», pidió. «No tengan miedo de formar una familia, de tener hijos, de defender la dignidad de cada persona, desde el primer instante en el vientre de la madre hasta su último aliento». La defensa de la vida ha sido una constante durante los cuatro días del viaje. Desde el Elíseo hasta Lourdes y Metz, León XIV ha insistido ante responsables políticos, obispos, enfermos, jóvenes y representantes religiosos en que la dignidad humana no depende de la edad, la salud, la autonomía ni la utilidad social. En Metz, el Pontífice situó esa defensa dentro de una cuestión todavía más amplia: qué Europa recibirán las próximas generaciones. Su respuesta pasó por volver a unas raíces que no presentó como una reliquia del pasado, sino como condición para afrontar el futuro: «Y junto a ustedes, Europa, firmemente arraigada, seguirá floreciendo e inspirando al mundo entero».

DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV Señor Presidente, Señor Cardenal, distinguidas Autoridades civiles y religiosas, señoras y señores: Me complace encontrarme en esta ciudad histórica, un cruce en el corazón del continente, para mantener este encuentro con un título tan evocador: « A las raíces de Europa por la paz y la unidad ». Les agradezco las amables palabras que me han dirigido. El título propuesto se inspira sin duda en la figura del venerable Robert Schuman, al que hoy queremos rendir un homenaje particular en este centro que lleva su nombre, y sobre todo aquí, en Mosela, región donde él vivió mucho tiempo, donde reposan sus restos y de la cual fue durante muchos años representante en la Asamblea Nacional. Él se inspiró en esta región, con sus vicisitudes en los siglos XIX y XX, para contribuir a dar forma a la Europa de hoy y del mañana, mediante su célebre Declaración del 9 de mayo de 1950. Este texto señala al mismo tiempo el punto de partida y de llegada de su compromiso por la reconciliación y la unidad del continente europeo, que marcó toda su vida. Hoy queremos emprender con el pensamiento, un viaje que parte desde las raíces de Europa para llegar a su presente y mirar hacia el futuro. Nos preguntamos cómo Robert Schuman fue moldeado por la historia de esta tierra, de la que fue hijo, y cómo contribuyó de manera fundamental a dar forma a la Europa moderna, hasta el punto de ser considerado un “padre fundador”. Siempre es difícil definir a Europa, tanto por el presente como por el pasado. Europa, en efecto, fue tomando conciencia de sí misma gradualmente en las épocas históricas de la civilización helenística, del Imperio romano y, posteriormente, de la difusión del cristianismo, integrando con el tiempo nuevas culturas como las germánicas y eslavas, entre otras, ha [...]


📎 Fonte original: Infovaticana

📎 Fonte original: Infovaticana

Transparência editorial: Esta notícia foi traduzida de uma fonte internacional. Pequenas imprecisões de tradução podem ocorrer. O link para o conteúdo original está disponível na página e, caso encontre algum problema, utilize o botão "Solicitar Correção" para nos avisar.